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La guerra ruso-ucraniana puede intensificar el número de seísmos

La guerra ruso-ucraniana puede intensificar el número de seísmos

La guerra entre Rusia y Ucrania está afectando gravemente a los países europeos: a una subida de precios de los productos de primera necesidad se le suma el problema de la dependencia europea al gas ruso. En esa línea, las peores pesadillas de la Unión Europea (UE) se están haciendo realidad ya que Rusia ha cortado recientemente el suministro de gas a Alemania alegando “problemas técnicos”. Aunque se prevé que el problema de abastecimiento dure unos once meses, el Ministro de Economía alemán, Robert Habeck, considera que “la situación puede alargarse indefinidamente”. 

Ante esta problemática, la UE intenta encontrar nuevos aliados para seguir manteniendo intactas sus reservas de gas en sus estados miembro. Por tanto, cada vez se hace más fuerte la idea de sustituir el combustible ruso por el de Estados Unidos o comprarlo a regímenes autócratas como Irán o Venezuela. 

Aunque algunos expertos insisten en que las energías renovables son la solución al problema del gas ruso por dos motivos: no financiar las armas rusas y evitar intensificar el problema del cambio climático; la tendencia actualmente está en buscar otros productores de gas y petróleo. Al igual que otros países como Alemania, España ha optado por el consumo de crudo, en datos, las importaciones han subido un 16% en el primer trimestre del año, según la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores).

“La guerra entre Rusia y Ucrania puede restringir el comercio de gas y disminuir la oferta por lo que puede favorecer el uso de la técnica del fracking”, afirma José Luis Simón, geólogo especialista en el estudio de esta técnica que utiliza la inyección de agua a presión en el subsuelo para romper la roca y extraer el gas. 

Ese proceso genera “una relación causa-efecto directa entre fracking y terremotos”, sentencia Simón. Cada vez más estudios confirman esta relación: como la investigación del equipo germano-canadiense que documentó un nuevo tipo de terremoto en un entorno de inyección de agua en la Columbia Británica, Canadá, por la cual registraron datos sísmicos de aproximadamente 350 terremotos. En esa misma línea, un estudio dirigido por un sismólogo de la Southern Methodist Univesity, situada en Dallas, indicaba que existe una relación entre la avalancha de temblores en el norte de Texas de fallas que llevaban inactivas unos 300 millones de años aproximadamente y el fracking. Además, la intensidad de estos terremotos puede variar e incluso alargarse en el tiempo.

“Se ha demostrado que la técnica del fracking puede inducir seísmos y existen bastantes artículos publicados en revistas especializadas donde se aportan los datos necesarios para deducir una correlación entre fracking y seísmos inducidos. La razón es que la técnica de fracking, al introducir agua a presión y fracturar la roca, ayuda a aumentar la presión de fluidos, que es uno de los mecanismos que activa el movimiento en fallas y por tanto, puede producir terremotos”, confirma Fernando Pérez Valera, geólogo especialista en cartografía geológica.

En la lista de países que encabezan el uso de esta técnica en sus territorios se encuentran: Estados Unidos, México, China, Argentina, Colombia… además de un registro de cuencas con estimación de recursos en Libia o Argelia. Si fusionamos esta lista del fracking con la lista de los países con mayores terremotos, se repiten: Estados Unidos, México, China… aunque no todos esos terremotos son producidos por esta técnica de extracción de gas, es evidente que no favorece una estabilización de los seísmos. Por tanto, la UE estaría motivando el uso del fracking al abastecerse de gas en países como Estados Unidos, Irán o Venezuela. 

El problema de esta técnica no son solo los terremotos, “la contaminación de los acuíferos es probablemente el problema principal”, explica Simón. La razón está en los agentes contaminantes: el propio metano que se extrae, que puede escaparse por fisuras no controladas; los agentes químicos que se añaden al agua de inyección, que van directamente al subsuelo y su destino final tampoco puede controlarse; y las sustancias tóxicas o radiactivas naturales (arsénico, radón…) que hay fijadas y estabilizadas en el subsuelo pueden remover el agua inyectada a presión provocando que pasen a los acuíferos. Algo que no ocurriría con la obtención de energía a través de las renovables. 

España tontea con la posibilidad del uso del fracking

Hace unos años, alrededor de 2015, se presentaron a la Administración muchos proyectos de fracking en distintas zonas de España: Albacete, norte de Burgos, País Vasco, Aragón, Maestrat castellonense, La Rioja… “En muchas de las zonas no había siquiera bases geológicas razonables para que tuviera sentido iniciar los estudios”, explica el geólogo especialista en fracking. 

“Se trataba en su inmensa mayoría de operaciones especulativas iniciadas por empresa pequeñas, oportunistas, que seguramente querían hacerse con derechos para poder luego venderlos a empresas más importantes”. Pero finalmente, aquello fue una especie de “gaseosa” que, igual que hizo “efervescencia” muy rápidamente, “se agotó porque se vio su falta de sentido”, sentencia. 

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Una falta de sentido y de coherencia porque tan solo un año antes, en 2014, varios partidos políticos firmaron un acuerdo “anti-fracking” gracias a la iniciativa de unos 200 grupos y asociaciones sociales y medioambientales. Tom Kucharz, miembro de Ecologistas en Acción, recuerda que todos los grupos del Congreso, a excepción de PP, CiU, PNV y UPyD, firmaron esa declaración. 

Aunque España no es una de las que mayor dependencia tiene del gas ruso porque tiene diversificado su suministro: en 2021 importó 56 millones de toneladas de crudo de más de veinte países, de Rusia solo vinieron 2,5 millones, el 4,6% del total, según Cores. Sí está “alimentando” el uso del fracking en otros países. “Hoy España importa grandes cantidades de gas fósil extraído con la técnica del fracking, concretamente de Estados Unidos y  de Argentina, específicamente del yacimiento de Vaca Muerta”, afirma Kucharz. 

La solución, según Ecologistas en Acción, es prohibir la importación de gas procedente del fracking a favor de una transición a un sistema 100% renovable, teniendo el autoconsumo colectivo y la eficiencia energética como pilares fundamentales.  

Para El Salto: https://www.elsaltodiario.com/fracking/como-guerra-ucrania-puede-intensificar-numero-seismos

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