Leyendo
Niños olvidados

Niños olvidados

+6
Ver Galería

La inmigración en España por la ruta del Mediterráneo occidental cada vez tiene más rostros negros, aunque los datos de extranjeros que cruzan a nuestro país caen (casi un 50% menos que el año pasado según Frontex, la agencia de control de las fronteras exteriores de la Unión Europea, la inmigración en Marruecos está creciendo con estos nuevos perfiles que emprenden su viaje desde el sur de África. La causa es que se quedan ahí, intentando cruzar la frontera y, cuando lo consiguen, vuelven a suelo marroquí.

El primer motivo, de carácter político, es que España ha dado más potestad y poder a que Marruecos pueda tener más control y hacer “devoluciones en caliente”. La nueva política de la valla consiste en una cesión de 26 millones de euros destinada al Ministerio de Interior de Marruecos y una flota de vehículos para reforzar el control de las fronteras. Asimismo, la UE también ayudó al país africano con una partida de 140 millones para blindar sus fronteras, lo que se tradujo en nuevas concertinas de cuchillos afilados mientras que España decidía quitarlas. A efectos prácticos, la misma situación o peor que hace un año para las personas que intentan cruzar la frontera. Según un informe interno de la Comisión Europea, la reducción de personas inmigrantes que llegan a España es motivado por “la colaboración entre las autoridades españolas y marroquíes”.

Mucho de ellos esperan su oportunidad para cruzar en zonas como Tánger o Alhucemas. Según explica Inmaculada Gala, delegada de Migraciones en Tánger, el problema es que “se están creando guetos en las ciudades”. Para poder hacer la espera y tener un sitio donde refugiarse, los inmigrantes tienen que pagar a otros unas tasas. “Al fin y al cabo, todos necesitan dinero para pagar su patera o su salto a la valla”, explica Gala. La delegada cuenta que en los primeros años, todos están deseosos de emprender el viaje y ni cuentan cuándo se pondrán en camino porque “no quieren ni que les detengan ni despedidas”. Cuando ya lo han intentado y han fracasado, la mayoría prefieren seguir ahorrando para volver a probar, pero mientras tanto invierten algo en mejores condiciones de vida, como alquilar un sitio compartido con muchas personas y comer algo. Muy pocos son los que deciden quedarse en Marruecos y establecerse allí. La explicación principal es que las ayudas sociales marroquíes son precarias e ínfimas y por tanto, limitadas.

Otra forma de adaptación son jóvenes que quieren estudiar una carrera o trabajo. Este es el caso de Félix, conocido como Kondombo Wendmanedgé en Burkina Faso. El joven de 23 años tiene pensado volver una vez haya terminado sus estudios de ingeniería en Marruecos. La decisión de estudiar fuera de su país es porque los ataques terroristas dificultan este tipo de actividades allí, explica Félix. La dificultad es triple por estar fuera de casa, estudiar una carrera y hacerlo en un idioma distinto. Aun así, el subsahariano ha encontrado en los cristianos de la ciudad de Alhucemas un sitio donde dormir, comer y poder estar tranquilo mientras finaliza sus estudios. “Somos unos catorce o quince aquí” afirma el joven refiriéndose al resto de chavales que como él estudian o buscan trabajo en el antiguo protectorado español.

Kiko Fernández

En Marruecos, las dos causas para que los jóvenes marroquíes crucen la frontera son el paro y la mili, que ha vuelto a ser instaurada en el país desde el año pasado. En el caso de los chicos subsaharianos los problemas son el paro, las situaciones de violencia en su país y, en definitiva, las nulas oportunidades que les depara el futuro. Todas las familias de Alhucemas, igual que en otras zonas de Marruecos, tienen un familiar en España, como afirma Munain, quien tiene un hermano pequeño en España. Otro de los motivos por lo que necesitaban huir del país fueron las protestas del Rift, ya que quien no pudo escapar ahora mismo está entre rejas. Según explican dos españolas que llevan muchos años en Marruecos, a los presos por estas protestas les cambian de cárcel para que la ayuda internacional que reciben no les llegue. Asimismo, abogados extranjeros les aconsejan que no soliciten el servicio de ningún letrado que se les ofrezcan desde dentro del país porque “es una trampa para meterlos en prisión más años”, afirman.

Por las calles de Alhucemas, cuando preguntas por las protestas, hay muchos que no quieren hablar por miedo. Otros, sin querer dar sus nombres, relatan que la policía utilizó “gases que ahogaban a las personas”. Un testimonio relata que para ayudar a estas personas se tapó la cara y empezó a echar una mano “porque si sales en las fotografías ya sabes que vas a tener problemas”. También cuenta que es un tema muy serio porque incluso “un banquero marroquí que vivía en España, salió con una bandera del Rift y le quitaron el trabajo”. Por tanto, “es mejor que no te identifiquen”, concluyen los que han vivido estas revueltas.

Ver también

Por eso mismo, muchos decidieron irse del país. A los que esperan a embarcar o no han conseguido saltar, la policía marroquí no se lo pone demasiado fácil porque desmantela cualquier campamento y destruyen tanto comida como objetos personales. Otro método que están usando para que no lleguen a España es transportar en autocares a los inmigrantes de vuelta al interior del país, concretamente al desierto, justo después de ser hospitalizados cuando llegan a la costa marroquí en pésimo estado, cuentan algunas enfermeras. Y los que consiguen cruzar, su situación tampoco mejora mucho. Por la carretera española que rodea la valla de Melilla se ven decenas de chavales vagando alrededor del centro de inmigración porque al final quedan atrapados ahí: menores que no pueden trabajar ni estudiar. Creen que en España van a tener un futuro mejor y “en el caso de los menores no es del todo así”, relata Gala. Las leyes de nuestro país no dejan que menores trabajen y sin documentos tampoco se pueden escolarizar, “así que se quedan vagando por los alrededores de la valla”.

A principios de septiembre se celebra la feria de la ciudad de Melilla. El contraste es espectacular entre chavales que viven allí y los que acaban de saltar la valla. Estos últimos esperan en las puertas de la feria para entrar cuando la policía deja libre la entrada. Los demás les obvian, como si no existiesen y el problema de la valla no fuera una realidad. Parecen niños fantasma vagando por las calles de la ciudad.

Ver comentarios (0)

Dejar una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Vuelve arriba