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Mozambique: la guerra olvidada

Mozambique: la guerra olvidada

Cuando una guerra dura más de cuarenta y tres años (sin contar las “pausas”) queda olvidada: los medios de comunicación dejan de dar noticias, al menos que haya un cambio en las tornas del conflicto, porque al final la gente queda hastiada cuando le hablas de un problema que parece no tener solución. Así la guerra de Mozambique ha quedado en el olvido. 

Este país costero del continente africano consiguió la independencia de Portugal en 1975 y desde ese día, se estableció un gobierno dirigido por el Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo). La oposición al Gobierno y sus políticas se encarnó en la Resistencia Nacional Mozambiqueña (Renamo) quién no dudo en tomar las armas  dos años después de la independencia para hacerse oír. La guerra civil que se desencadenó en la región tuvo una breve parada gracias a los acuerdos de paz de 1992. Dos años después, las elecciones dieron la victoria a Frelimo de nuevo. Esto se tradujo en un comportamiento estatal autoritario y una apropiación de los aparatos del Estado, incluidos los medios de comunicación y la economía. Finalmente, esta tensión explotó en 2013 con la detención de quince líderes de Renamo, lo que hizo que la organización rompiera el tratado de paz para volver a las armas y atacar las fuerzas de seguridad gubernamentales. 

Los ataques entre ambos partidos políticos se sucedieron en el tiempo: ataques del Ejército contra el cuartel general de Renamo, elecciones boicoteadas por parte de la Resistencia Nacional Mozambiqueña… Mientras, los civiles salían a las calles para demandar paz y el cese de la violencia. Esta situación insostenible para cualquier país incitó a que el Gobierno intentará retomar diálogo con Renamo y este último, no aceptó volver a retomarlo hasta la inclusión de observadores internacionales en dichas negociaciones. El alto al fuego no llegó inmediatamente sino seis meses después del inicio de las reuniones. Se necesitaron setenta y cuatro conversaciones bilaterales para conseguir llegar a una propuesta en 2014 que ambas partes tuvieran intención de firmar. En ese acuerdo se negociaban una ley de amnistía para liberar a los presos de Renamo, la integración de los guerrilleros dentro del Ejército Estatal y ciertas garantías de transparencia y legalidad en las siguientes elecciones. Meses más tarde, se celebraron nuevas elecciones que volvieron a ganar Frelimo, lo que volvió a desencadenar en la vuelta a las armas del partido opositor. Esta vez el conflicto erradicaba en que Renamo demandaba gobernar en las seis regiones en las que habían ganado la mayoría de votos.  Con este objetivo, comenzaron a trabajar en una ley para la creación de una autonomía provincial hasta que el abogado que llevaba la propuesta fue asesinado en 2015. Esta situación provocó que el líder de la oposición, Alfonso Dhlakama, huyera a Sofala donde se encuentra la sede de Renamo. 

Actualmente la situación vuelve al mismo punto: se vuelven a retomar las negociaciones y el año pasado, en 2017, tanto Dhlakama como el presidente de Mozambique, Filipe Nyusi, entablaron una conversación telefónica para hablar de una acuerdo de paz definitivo que se ha visto aplazado hasta este año, ya que para hacerla eficaz hay que revisar la Constitución y someter los cambios a voto en el congreso. No sabemos si finalmente este acuerdo se firmará y si es así, si se respetará para siempre o solo por unos años. 

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Lo importante es que esta guerra olvidada y también interminable, se ha cobrado la vida de más de un millón de personas. Además, se han producido numerosos desplazamientos de civiles que huyen de esta violencia provocada por la lucha de poder. Ni nosotros ni los mozambiqueños sabemos si tendrá final o no, lo que está claro es que no podemos dejarles olvidados. 

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